miércoles, 19 de septiembre de 2012

Flechas al viento


Observé el desparramo de una lágrima. Y mi cuerpo esparcido en tu silencio.
Le pregunte al Poeta que se puede escribir en una noche como esta. Los versos más tristes, me dijo. El ultimo dolor.
Y una voz me dice que es el viento. El que llevará estas palabras a tus oídos. Y podrás oírme, tocarme, sentirme en tu piel. Y entenderás lo que duele.

Me pregunte que se puede escribir en una noche como esta. Y busque el auxilio de los amantes. Y vi en sus miradas la mía. El amor que se acaba. La ausencia. Una ausencia de a dos. Pero sobre todo, el dolor más doliente, el que no desaparece cuando se termina el amor.

Me pregunte que se puede escribir en una noche como esta. Y solo podría describir tus brazos rodeándome. Tu cuerpo, apropiándose del mío. Tus manos recorriéndome. Tu boca apresurándose a destrozarme. Tu sexo preciso, ansioso, urgente. Mi deseo susurrándote. Tus marcas en mi piel. Tu silencio. Tu espacio. Que por breve, fue mío.

Y me retuerzo en la urgencia de cambiar el mundo. De cambiar el mío. Y como guerrera tenso mi arco. Y me esfuerzo, me estrujo, me aprieto, me comprimo, me reprimo, me exijo, me castigo, me requiero, me pretendo y me ahogo.

Sin aire.

Me cuestiono estos versos. Me pregunto cuanto valen estas flechas al viento. Y me quito la armadura. Y enfrento mi desnudez. Y tomo las alas del viento para que me envuelvan, para que me abriguen de este frío violento. Y en esas alas llegan las voces de los poetas. Que trascendieron todos los siglos. Y los dolores. Y avivan el fuego. Y encienden la punta de esta flecha, de este verso. Y me gritan que dispare, otra vez. Las veces que sean necesarias. Al fin de cuentas, me dicen, por más que sea al viento. Por mas que el viento sea el dueño. Serán estos versos, estas flechas, una y otra vez, las que hagan al amor, eterno. 

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